Medioambiente

DE HIELO Y AZUFRE: LA NACIENTE DEL RÍO AGRIO

Desde el interior del volcán más activo de Neuquén, chorreando hielo y azufre, nos llega este artículo de l@s investigador@s  FAIN-UNCo Virginia de Garcia, M. Eugenia Roca Jalil, Ricardo Ulloa y Susana Martinez Stagnaro


Desde el interior del volcán más activo de Neuquén y gracias al aporte de agua no solo de las constantes nevadas que caracterizan la zona, sino también de ese enorme glaciar que ha retrocedido dejando sus huellas talladas en las rocas, a lo largo de millones de años, nace el Río Agrio. Hablamos del volcán Copahue, ese cono inmenso y humeante que da la bienvenida a los afortunados en pisar su propia creación, recordándonos la dinámica de nuestro planeta y lo efímeros que somos los humanos en esta historia. Sin duda, Copahue es uno de los lugares más maravillosos e intrigantes, objeto de estudio de investigadores de todo el mundo, registrado en más de 300 artículos científicos y al menos decenas de tesis de grado y posgrado. Pese a la cantidad de estudios de gran diversidad, éste sitio inigualable continúa siendo un misterio, lo que permanece motivando estudios cada vez más diversos y multidisciplinarios.

Cuando hablamos de Copahue, es innegable e inevitable pensar en sus aguas termales y sus lagunas de fangos, sanadores, que desde tiempos milenarios han sido utilizados por nuestros pueblos originarios. Sin embargo, el guardián de todo, el volcán Copahue, esconde en su interior otros tantos misterios que siguen siendo foco de estudio y de los que se conoce poco. ¿Acaso sabían que dentro del cráter del volcán existe una laguna cuya agua tiene un color celeste cristalino (depende el día en que la mires) y que aparece o desaparece anticipándose a una inminente erupción? ¿Sabían que rodeando la boca del volcán existe un glaciar?

El volcán acoge, dentro de sí, una laguna, alimentada principalmente por agua superficial, parte de ella cayendo desde dos cascadas provenientes del inmenso glaciar, aunque alguna vez aún más gigante, y el resto aportada por las lluvias y la nieve presente en casi 10 meses al año con distinta intensidad. Esta laguna, a la que llamamos laguna del cráter, puede ser pensada como una solución de gran concentración de muy diferentes minerales provenientes del interior de la tierra. El constante aporte de minerales se debe al contacto con vapores que provienen del interior del sistema volcánico- hidrotermal y que arrastran, por su temperatura y características, diferentes minerales, principalmente hierro y calcio, entre otros. Por esto mismo, esta laguna, que tiene temperaturas no menores a 30 °C (aunque en épocas eruptivas alcanzan hasta 80°C) (Augusto & Vélez, 2017) además es sumamente ácida, con pH bajos menores a 2.


Dos vertientes escapan desde el cráter del volcán, dando origen aguas abajo al Río Agrio, cuyo nombre hace referencia a las características que le dan a sus aguas los minerales sulfurados que al entrar en contacto con el agua y bajo condiciones de temperatura determinadas, se acidifican por la producción de iones ácidos disueltos.


Uno pensaría que, bajo estas condiciones, difícilmente encontremos algún ser vivo a escala macro o microscópica, sin embargo, existen pruebas y reportes de la existencia de microorganismos capaces de sobrevivir y reproducirse en estos particulares sistemas. ¿Qué son estos microorganismos adaptados a las condiciones de acidez extrema? En principio son bacterias y levaduras que necesitan que el pH sea bajo y la presencia de varios minerales para poder vivir. Se ha comprobado que se encuentran presentes en toda la vertiente del volcán hasta el río agrio y, por su adaptación a condiciones extremas, normalmente se los identifica como extremófilos.


El azufre, sin ninguna duda es uno de los actores principales en ésta historia de millones de años, está presente en todas sus superficies, se puede ver precipitado en las rocas y se puede sentir en el aire, la pregunta es, ¿El glaciar que lo rodea es también ácido? ¿Y el suelo circundante al glaciar?, Y si es ácido y frío, ¿También hay microorganismos viviendo en este ambiente extremo? Aunque aún muchos de éstos interrogantes no tienen respuesta, el trabajo realizado desde nuestro grupo de investigación, conformado multidisciplinariamente, pretende conocer y dar respuesta algunas de éstas cuestiones.

Uno de nuestros primeros interrogantes nació del conocimiento de que en otros glaciares de montaña de la Patagonia Argentina (que no tienen volcanes activos), sí existen levaduras y hongos filamentosos habitando el hielo glaciar. Como por ejemplo, los glaciares del Monte Tronador en el Parque Nacional Nahuel Huapi y el Glaciar Perito Moreno del Parque Nacional Los Glaciares, albergan una gran diversidad de levaduras adaptadas al frío. ¿Qué quiere decir esto?, que en el hielo de estos glaciares de montaña viven y se desarrollan levaduras (hongos unicelulares); estas levaduras fueron aisladas y caracterizadas. Estos estudios nos permitieron descubrir que varias especies diferentes habitan el hielo glaciar de la Patagonia Argentina, entre estas se pudieron describir especies que no habían sido descritas con anterioridad en ningún lugar del mundo. Estas levaduras no pueden crecer en temperaturas que superen los 20°C y pueden sobrevivir en ambientes con muy pocos nutrientes. ¿Por qué es interesante descubrir que existen organismos capaces de sobrevivir en estas condiciones tan extrañas?

La Argentina posee un vasto territorio con una riqueza microbiológica muy amplia y poco estudiada, por lo que el estudio y conservación de los recursos genéticos propios de nuestros ecosistemas resulta esencial para evitar la pérdida de biodiversidad y el acceso a genomas y oportunidades diferentes a las de otras regiones geográficas. En este sentido Argentina posee numerosos glaciares a los largo de la cordillera de los Andes, incluyendo los Hielos Patagónicos que representan en el hemisferio sur el 60 % del área glaciar fuera de la Antártida. De estos solo una pequeña fracción ha sido estudiada a nivel microbiológico. Y siendo que la mayoría de los glaciares continentales del mundo están en proceso de retroceso, parece imprescindible trabajar para la conservación de los recursos genéticos presentes en estos.

Los estudios de microorganismos de ambientes extremos son esenciales para el desarrollo de tecnologías con aplicación en la industria. En general los ambientes que presentan extrema dificultad para los asentamientos humanos debido a su aislamiento geográfico y/o condiciones ambientales extremas, se presentan como ideales para examinar el proceso evolutivo de las especies de levaduras conservadas en ellos, puesto que este mismo proceso de conservación favorece la especiación de organismos endémicos.

Entonces ¿qué pasa con el hielo del glaciar del volcán Copahue? En nuestra búsqueda, por ahora pudimos descubrir que no tiene sedimentos de azufre y que las características fisicoquímicas del hielo son comparables a los otros glaciares de la Patagonia. Y en esas condiciones, pudimos aislar 160 levaduras, de las que identificamos hasta el momento 10 especies diferentes habitan este ambiente dentro de las cuales, 2 especies podrían ser nuevas especies!! Por supuesto seguimos estudiando las características de estas levaduras y qué adaptaciones poseen para desarrollarse en este ambiente (para nosotros) hostil y para ellos, su hogar que es el glaciar que contiene el volcán.

¿Cómo seguirá esta historia? Bueno, todavía queda mucho por saber (de eso se trata la investigación, después de todo) ¿Existen otros microorganismos en este glaciar? ¿Cómo sobreviven estas levaduras en estas condiciones tan adversas? ¿Enriquece o es indiferente el constante contacto de este glaciar con el resto de este ambiente? Son preguntas que esperamos se estén haciendo ustedes también y que, quizás, podamos responder en los próximos meses.

Virginia de Garcia, M. Eugenia Roca Jalil, Ricardo Ulloa y Susana Martinez Stagnaro.Investigadores FAIN-UNCo

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